por María Díaz de Guerra

Elvira Correa de Marini (foto publicada en el Anuario Nº 2 de 2007 LHHC).
Casa de la calle Dodera de la Sra. Elvira Correa de Marini (foto publicada en el Anuario Nº 3 de 2008, LHHC).

Información publicada en el anuario Nº 7 del Colegio de Hermanas Capuchinas, que lleva su nombre.

El nombre de Doña Elvira Correa de Marini, dama de la sociedad fernandina de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, era conocido por los fernandinos hasta la década del 60. Era un nombre integrado a la sociedad como perteneciente a ella y cualquier vecino de Maldonado lo relacionaba directamente con el Colegio de Hermanas Capuchinas, aludiendo a la gran placa que lucía en la puerta de lo que por muchos años se llamó “Escuela de hermanas”, en la calle Sarandí esquina Dr. Edye. Este colegio o escuela en su nivel de primaria se llama ELVIRA CORREA DE MARINI, nombre que le viene de la época de su fundación, habiendo sido Doña Elvira la que realizó los trámites para traer un grupo de Hermanas Capuchinas a esta ciudad, además de donar el terreno – en el centro mismo de la ciudad – para levantar en él un edificio adecuado y perdurable.

Esto había tenido lugar por los años veinte; hay una hermosa fotografía de la inauguración, que tuvo lugar en el año 1927. A partir de ahí, varios periódicos de Maldonado publicaron avisos como el siguiente, uno de tantos, aparecido en “El Debate” del 27 de Julio de 1928: “Escuela Elvira Correa de Marini para pupilas, medio pupilas y externas dirigida por Maestras Normalistas H. H. Capuchinas. Pupilaje mensual $ 18.”

La casa de la calle Dodera


Por esa fecha, Doña Elvira Correa ya era una eminencia en Maldonado. En Mayo de 1899 había comprado la casa y el terreno que ocupaba una manzana entera entre las calles: Punta del Este, Isla de Gorriti, Pan de Azúcar y Treinta y Tres. Esto corresponde, para hablar en términos actuales, a: José Dodera (ex Punta del Este), Zelmar Michellini (ex Isla de Gorriti), Arturo Santana (ex Pan de Azúcar) y Treinta y Tres. Es la Manzana Nº 35, padrón Nº 209, con una superficie de 8.687 m2.

Se trataba de una propiedad ya antigua cuando se realiza esta compra en el año 1899, pues sabemos que esta manzana había pertenecido a una familia de primeros pobladores de Maldonado, como lo decíamos en el Diccionario Biográfico de la ciudad de Maldonado (págs 439-440) en ficha correspondiente a Francisco Núñez y María de Acosta, ambos naturales de la provincia de Río Grande. Era portuguesa esta gente cuyos hijos nacieron en Maldonado desde 1765, por lo que, como es natural, estuvieron vinculados a los vecinos prominentes de la época, tales como el médico Santiago Carsín, el “practicante de medicina” Thomas Navarro, el boticario Francisco Osorio, José Galup y tantos otros cuyos nombres fueron tratados en dicho Diccionario, editado en 1974.

La casa que poseía ese matrimonio integrado por Francisco Núñez y María de Acosta en los años iniciales de Maldonado era “hecha de tapia y cubierta de paja con una cocina de piedra y horno”, según dice la testamentería correspondiente. El título arranca de una compra hecha por Manuel de Herrera a los herederos de María de Acosta, viuda de Francisco Núñez.

De manera que, unos cien años después de estos acontecimientos, tenemos la partida de defunción de la señora – vecina de Maldonado – Florinda Rivero, que muere en Maldonado en 1897, precisamente en esa casa, a los 66 años, certificada por el Dr. Román Bergalli. Deja dos hijos: Pedro G. Rivero, nacido en 1853 y Primitiva S. Rivero de Roux, nacida en el año 1858, ambos en Maldonado. Son ellos los que heredan la propiedad. Casa ésta que va a ser cmoprada muy poco tiempo después, en 1899, por la señora Elvira Correa de Marini. Será aquí donde hará construir su mansión.

No sabemos si partió de cero destruyendo la casa que existía o más probablemente se dedicó a ampliar y embellecer la propiedad, ya que pensamos que la casa que sirvió de habitación a doña Florinda Rivero era espaciosa y bien construida, que no tenía nada que ver con aquel rancho inicial de tapia y paja, aunque bien pudo haber conservado la cocina de piedra y tal vez el horno. Esto último lo digo en tren de conjeturas, pensando que cuando compra Elvira Correa en el último año del siglo XIX a los hijos de Florinda Rivero, está comprando una casa seguramente construida por 1860. No era entonces “antigua” ya que apenas tenía alrededor de cuarenta años, por lo que no tenía necesidad de destruirla. Se habrá valido del trabajo de buenos albañiles – como los había entonces en Maldonado por 1890 que fue cuando se terminó el edificio de la iglesia y cuando se construyó el edificio de la escuela dentro del predio del Cuartel de Dragones – para ampliarla y embellecerla de acuerdo a sus gustos.

Datos biográficos

Elvira Correa era hija de Quintín Correa y Carlota Barbat, nacida en Rocha en el año 1853. Sabido es que en el año 1806 un naufragio en la costa de La Coronilla dejó en nuestro territorio a un médico que venía al Río de la Plata con destino a Buenos Aires. Este importante personaje era Juan Bautista Barbat que se afincó en Rocha y poco tiempo después, en 1809, contrajo matrimonio con Ana Sánchez, natural de San Carlos. Juan Bautista Barbat era natural de Touluse (Francia). Este matrimonio tuvo varios hijos, entre los cuales está Carlota Barbat.

En cuanto al padre de Elvira Correa, es sabido que Carlos Seijo en su hermoso libro “Carolinos ilustres, patriotas y beneméritos” desarrolla una interesante información sobre este señor, reproduciendo varias cartas enviadas al diario de Montevideo “El Comercio del Plata” en su calidad de Jefe Político del Departamento – que entonces comprendía también a Rocha – de 1852 a 1854. Carlos Seijo, que perteneció a esta familia pues era hijo de José Ramón Seijo y de Carlota Correa Barbat, se refiere también al retrato al óleo del pintor Verazzi, hecho en 1864, de Quintín Correa y su esposa Carlota Barbat, cuadro que se hallaba en poder de su hija Elvira Correa de Marini.

Por mi parte, en el larguísimo trabajo que publiqué en el diario Punta del Este desde el 4 de Noviembre de 1969 hasta el 25 de marzo de 1970 bajo el título “Maldonado en el siglo XIX – Los Jefes Políticos”, transcribo notas firmadas por Quintín Correa en el desempeño del cargo, tomadas todas ellas del Archivo de la Jefatura de Policía de esta ciudad y del Archivo del Juzgado Letrado Departamental en calidad de documentación hasta hoy inédita. También debo citar aquí el trabajo publicado en la revista “Hoy es Historia” Nº 58 de Julio-Agosto de 1993, sobre la “Zona de José Ignacio en el Departamento de Maldonado” con la ilustración titulada: “Mensura del campo de Fco. Medina que compró a Carlota Barbat con un área de 1711 cuadras en el año 1874”.

En cuanto a la personalidad de Elvira Correa de Marini debo todo mi conocimiento – por lo cual estoy profundamente agradecida – a la información que me proporcionó el arquitecto Guillermo Rodríguez Reborati en su condición de familiar que guarda en el fondo de su corazón hermosos recuerdos hacia aquella lejana mujer parecida a un ángel. Supe entonces que Elvira Correa tuvo una hija adoptiva de nombre María Batista, nacida en Uruguay, que se casó en Génova con el italiano Giacomo Reborati en el año 1889. Este matrimonio volvió definitivamente al Uruguay en el año 1902. Dentro del ámbito familiar la señora María Batista era conocida como la “Nonna” y la madre adoptiva, o sea Elvira Correa de Marini, como la “Nonnita”. Fueron pues personajes muy queridos para los descendientes Reborati. El matrimonio mencionado tuvo dos hijos: Elvira Reborati (1891-1959) que se casó con el pintor Guillermo Rodríguez Reborati (1889-1959) y Alberto Reborati, casado con María Angélica Brito Mac Eachen.

En el verano de 1905 el italiano Giacomo Reborati con su familia y en compañía de la “Nonnita” vienen a pasar la temporada a la residencia de esta última en la calle Dodera. Realizan el viaje desde la Estación La Sierra hasta Maldonado en la diligencia “La Comercial del Este” de Estanislao Tassano. El propio Sr. Reborati escribe en italiano “Notte di Viaggio” en Enero de 1905 traducido después al español y publicado recientemente por el Instituto Uruguayo Argentino I.U.A..

Volviendo a la casa de la calle Dodera

Como si empezara recién aquí la historia, la casa se convierte en una mansión, donde esta gran señora vive, y vive precisamente en un entorno muy especial ya que es vecina de dos personajes de alcurnia: Gorlero y Burnett. Nada menos que dos personajes, dos familias, que tienen sus casas una al lado de la otra y se comunican entre sí. La casa de Gorlero tenía su frente por la calle 18 de Julio esquina Treinta y Tres y su fondo daba, por un gran portón de hierro, a la calle Dodera, justo en frente a la casa de Elviera Correa. No había más que cruzar la calle – que en esos años era desierta – para pasar de una casa a la otra. Se conserva alguna fotografía de ese portón con glicinas del fondo de la casa de Gorlero, con aquel amplio jardín o parque con extrañas campanillas y rastreras madreselvas, fondo de ensueño de una casa señorial y pasaje, a la vez, a ese otro mundo de enfrente, con similares y sin embargo distintas frondosidades, donde alguna araucaria majestuosa imponía su sagrada potencia. En cuanto a la casa de Burnett, que fue luego el Museo de Arte Americano, a pocos pasos de lo de Elvira Correa, también ejerce una poderosa atracción sobre la calle Dodera y convierte ese pequeño – pero si se quiere representativo recuadro del viejo Maldonado – en un rincón que se debería conservar. Ese espacio debería abarcar dos o más cuadras de la calle Dodera, desde 3 de Febrero hacia el Norte con el fin de mantener esas casas antiguas. Hemos contado tres, pero podrían ser cuatro si agregamos la vieja casa que fue de Acosta Viera y que albergó también la “Escuela al Aire Libre” que se inauguró en 1937 bajo la dirección de Guadiela Tassano de Bazzano. Se trata, pues, de un sitio, un pequeño barrio, o más bien dicho un entorno para el que no sería tan difícil volver a mirar con el propósito de guardar ese espíritu que aún flota milagrosamente y a punto de perderse de forma irremediable. Como se ha perdido el entorno de la Plaza de Maldonado y como se ha perdido, también, la calle Sarandí, la calle 18 de Julio y la Calle Florida, en aras de un cambalache comercial a cual más grotesco y más irrespetuoso. La casa de Gorlero fue llamada durante años “casa de Requena”, generándose este nombre a raíz del matrimonio de Pácida Gorlero – que era hija de Manuel Gorlero – con Alejandro Requena. En esos años se hablaba de un cuadro al óleo de la Torre del Vigía que habría sido pintado por Blanes y que estaba en exposición en esa casa. En cuando a Manuel Gorlero – hermano de Juan – vivía en esa casa de la calle 18 de Julio por 1890, época en la cual, siendo propietario de La Loma, había autorizado a dos italianos que vivían en Maldonado, Domingo Allegrini y Tomas Brena, a cultivar para sí – libre de arriendo – las chacras conocidas como “Los Toscanos” y “La Loma”. Precisamente en Enero de 1890 comparece en el Juzgado de Paz de Maldonado para reclamar esas chacras, dándoles plazo hasta el 15 de Marzo para que le fueran devueltas. Conocemos además la actividad de doña Plácida como dibujante y pintora que practicaba en la intimidad de su hogar y he tenido la suerte de admirar varias de sus obras gracias a la gentileza de su hija Olga que las atesora, iluminando las paredes de su casa en un ambiente de espléndida armonía. En el año 1900 se expuso al público un cuadro pintado por ella que representaba la vieja Iglesia, la Jefatura de Policía y una parte de la Plaza, figurando en el mismo: el cura Juan Manresa, Simón Estadés y Pedro Podestá. Fue expuesto al público como un acontecimiento dentro de los festejos del nuevo siglo, tal como lo decimos en Historia de Maldonado Tomo II, pág 542.

El terreno donde se levantó la “Escuela de Hermanas”

La manzana Nº 49 está limitada por las calles Sarandí, Dr. Edye, Román Guerra y Bergalli. En dos ocasiones hemos hecho alusión a los antiguos propietarios de esta manzana (Fichas de Carracido y de Andrés Benito Fajardo en el Diccionario Biográfico de Maldonado, págs. 190, 272, 273 y en el libro sobre el Centro Paz y Unión, págs. 61 y 62). Los Carracido, españoles, pobladores de Maldonado por 1791, ocuparon parte de esta manzana en los años finales del Siglo XVIII y principios del siglo XIX. También los Umpiérrez y los Cabral, hasta llegar a Antonio Etanislao Cabrera, casado con Francisca Valdés, quienes compran en 1844 una importante superficie a Josefa Otermin de Galeano. A la muerte de Antonio Etanislao Cabrera y su mujer pasa a la hija, Severa Cabrera de Velázquez, siendo heredada y en parte comprada a sus hermanos por una hija de esta última, Juana Velázquqez Cabrera, que se había casado con Francisco Mier Velázquez y Orfilia Mier de Visconti. En 1926 Elvira Correa de Marini compra un terreno en ese lugar con una superficie de 488 m2 a Servando Mier Velázquez, médico, casado con Catalina Mosca. Limita al norete con otro que es pripiedad de Orifilia Mier de Visconti, el este con terrenos de Servando Mier Velázquez y al oeste con la calle Sarandí. Una vez comprado lo donó para la Escuela Taller que allí se construiría con el nombre de Elvira Correa de Marini, inaugurándose el día 27 de Febrero de 1927.