Biografía de la Madre Francisca

La Madre Francisca nació en Carmagnola, Turín, Italia, el 14 de febrero de 1844, de padres cristianos, con ocho hijos. Huérfana de padre a los 4 años, recibió de su madre una cuidada formación. A los 19 años, al morir su mamá, se traslada a Turín, y allí invierte sus energías en servir a sus hermanos en el Cottolengo y en los Oratorios de Don Bosco. Acompañan su peregrinar fervorosos y celosos sacerdotes, promotores de iniciativas apostólicas. Su corazón joven, formado en la austeridad, “ardía en amor a Dios y al prójimo”. Rechazó ricas bodas; un escribano de Carmagnola, de elevada posición, la esperó varios años. Pero su opción fue otra.

En 1885 descubre cual es la voluntad de Dios. Deja las tareas apostólicas de Turín y, estimulada por el Padre Angélico, capuchino, el 23 de enero de 1885 funda en Loano la Congregación de las Hermanas Capuchinas, dedicada a los enfermos y especialmente, a los niños y jóvenes abandonados.

En 1892, con cuatro de sus Hijas, parte hacia América Latina, para ofrecer sus servicios en Uruguay, Argentina, y luego en el Brasil, Nordeste.

Después de sufrir intensamente el martirio de sus Hijas en Alto Alegre, Brasil, muere en Montevideo el 6 de agosto de 1904.

Sus Hijas sirven en la Iglesia en Italia, Uruguay, Argentina, Brasil, Perú y Africa Oriental.

Juan Pablo II la proclama Beata en Roma el 10 de octubre de 1993 y la saluda como “PRIMERA BEATA DEL URUGUAY”.

DE LA HOMILÍA DE JUAN PABLO II EN LA MISA DE BEATIFICACIÓN ( 10-10-1993)

“La Iglesia te saluda, sor María Francisca de Jesús, fundadora de las religiosas Terciarias Capuchinas de Loano, que hiciste de tu existencia un servicio continuo a los últimos, testimoniando el amor especial que Dios siente hacia los pequeños y los humildes.

Siguiendo fielmente las huellas de Francisco, el enamorado de la pobreza evangélica, aprendiste a servir a los pobres y a hacerte pobre tú misma, y marcaste a tus hijas espirituales este camino particular de evangelización. Con el crecimiento del instituto, esta intuición inicial se convirtió en profundo impulso misionero que te llevó a ti y a tu Obra a América Latina, donde algunas de tus hijas espirituales sellaron con el sacrificio de su vida ese servicio a los pobres que constituye el carisma confiado a tu congregación, para el bien de la Iglesia. Hoy te saludamos como primera beata de Uruguay.

Prosigue tu profético testimonio de caridad también hoy en los numerosos campos de apostolado donde trabaja la congregación, contribuyendo a hacer que llegue a todo hombre, y en especial a los que sufren y a los que están abandonados, la invitación universal al banquete de las bodas celestiales (cf. Mt 22, 9). “

L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 15-10-93]

DEL DISCURSO DE JUAN PABLO II A LOS PEREGRINOS QUE ACUDIERON A LA BEATIFICACIÓN (11-10-1993)

“La llamada de Dios a la consagración religiosa le llegó a Ana María Rubatto en los últimos años del siglo XIX, cuando tenía apenas treinta y nueve años, después de haber vivido una significativa experiencia de trabajo y solidaridad. Desde los humildes comienzos de la primera fundación en Loano, bajo la guía espiritual de los hermanos capuchinos, el servicio incansable a los pobres fue el compromiso constante de la nueva Congregación y el signo más elocuente de su gran amor a Cristo pobre y crucificado.

La vocación misionera, que caracterizó el último período de la vida de la beata María Francisca de Jesús, sigue siendo hoy una de las opciones principales de la Congregación, que se manifiesta en la actividad apostólica y asistencial que desempeña tanto en América Latina como en Etiopía.”

L’Osservatore Romano, edición semanal en lengua española, del 15-10-93]

 

ORACIÓN A LA BEATA MADRE FRANCISCA RUBATTO

Oh Dios, rico en misericordia, que concediste a la Beata María Francisca Rubatto un amor grande a Jesús Sacramentado y a todos los hombres, particularmente a los más débiles, concédenos por su intercesión la gracia que necesitamos… (pídase la gracia que se desea alcanzar)

Te lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo tu Hijo, que contigo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén